Unos 280 jóvenes terminaron el secundario en Rufino el año pasado. La mayoría se enfrenta a la misma encrucijada: estudiar lejos, trabajar acá o intentar las dos cosas a la vez.
Cada diciembre, Rufino celebra la graduación de sus egresados secundarios con actos, fotos y discursos sobre el futuro. Pero el futuro, para muchos de esos jóvenes, implica una decisión que la ciudad no puede resolver por ellos: irse a estudiar o quedarse. Porque en Rufino no hay universidad pública, y las opciones de formación superior son limitadas.
Según datos del Ministerio de Educación de Santa Fe, unos 280 jóvenes egresaron de los establecimientos secundarios de Rufino en 2025. De ellos, se estima que entre el 35 y el 40% migra a Rosario, Santa Fe capital o Buenos Aires para continuar sus estudios. El resto se divide entre quienes ingresan al mercado laboral local, quienes cursan tecnicaturas o profesorados disponibles en la ciudad, y quienes intentan combinar trabajo y estudio a distancia.
La oferta de formación superior en Rufino incluye algunos profesorados y tecnicaturas terciarias, pero no cubre la demanda de carreras universitarias. La Universidad Nacional de Rosario y la UTN Venado Tuerto son las referencias más cercanas para quienes quieren estudiar una carrera de grado presencial.
LO QUE SIGNIFICA: Que los jóvenes se vayan a estudiar no es necesariamente malo —es una decisión válida y muchas veces la única opción viable. El problema es que una parte significativa no vuelve. Rufino pierde cada año parte de la generación que formó durante doce años de escolaridad. Sin oferta universitaria local, la ciudad está subsidiando la formación de profesionales que terminarán trabajando en otro lado.
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